Nunca más sola

Os presento a Eva, vive en el hogar de ancianos de Callao. 

Rafael la encontró en la calle y no habla español, solo habla quechua, un idioma que hoy en día se habla poco y sobre todo en la sierra. 

Eva ha vivido muchos años en la calle, sola, sin que nadie la ayudase y sin que nadie hablara con ella. 
Ahora está en el hogar de ancianos. Sigue sabiendo solo quechua, pero ya no está sola, está rodeada de ancianos, rodeada de Rafael y de la gente que trabaja y colabora allí. 

A pesar de que solo sabe quechua, ahora si que se comunica, lo hace a través de abrazos y apretones de mano, tanto que la han bautizado como “la de los abrazos”. Si vas al hogar de ancianos, no te irás sin un buen abrazo o un duradero apretón de manos. 
Antes estaba sola, pero ya nunca más lo estará 

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Hermana Carmen

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Había oído hablar mucho de ella antes de llegar a José Gálvez. Es una mujer valiente, en su sitio, sabe dónde vive y para qué. Me ha sorprendido su fuerza para superar las adversidades, las dificultades, la situación física en la que se encuentra. Sigue al píe del del cerro, donde se encuentra el convento y  donde ella quiere vivir, firme en su tarea de evangelizar, de escuchar, de ayudar, de entregarse. Realiza cada día multitud de tareas, no deja de hacer y proponer, de ser referencia para la comunidad y muchas de las personas de José Gálvez. Es una mujer que conoce su pueblo, aunque es dominicana, su pueblo ya es Perú, ya es José Gálvez.

Carmen pasa mucho tiempo en la capilla. Está allí en los momentos importantes del día, al comienzo, al final del día, en la adoración del Santísimo… pedir y pedir, dar gracias, contemplar… Estoy seguro que esa fuerza que desborda viene de la relación íntima con Dios, es la oración el motor de su hacer diario, lo que mantiene su sonrisa y las bromas en medio de las situaciones que pasan por su corazón después de escuchar a tantas y tantas personas.

Mucho de su tiempo lo dedica a escuchar. Es un goteo constante en la casa, suena el timbre y una familia, luego una señora mayor, después un matrimonio, unos novios, unos jóvenes para preparar la confirmación. Escuchar, que importante es para todo el mundo, pero mucho más para los que además de una situación difícil no saben en  quien confiar. Ella está siempre disponible, no hay horas, siempre hay tiempo para ello. Escuchar también a sus hermanas, a su comunidad. Una escucha que pude comprobar, y sobre todo disfrutar, los días que he estado allí, tanto en reuniones o encuentros personales como en reuniones del grupo de voluntarios o con las hermanas. Esta escucha traspasa varias generaciones, escuchó a los padres, ahora a los hijos y alguno de los nietos. Una escucha que estoy seguro lleva a la oración de cada día, una oración llena de nombres para que el Señor los escuche, llena de gritos para que Dios los atienda.E262ABC3-36BF-428D-A03D-778EC600B6D5

La hermana está pendiente de todos los proyectos en los que está implicada. Atiende las necesidades del comedor, acompaña un grupo de mujeres en las tareas de confección, hace seguimiento de varios microproyectos/microcréditos a familias o personas con necesidad… Y todo esto en silencio, sin mucho ruido. Ese silencio bíblico de la caridad, ‘que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha’. Un silencio para quitarse méritos y dejar que sea Dios el protagonista del encuentro transformador que da la caridad, la ayuda, el servicio.

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Carmen está preocupada por todos y cada uno de los que viven en su casa, de sus hermanas como no podría ser de otra manera y también de los que hemos pasado por allí. Consejos permanente sobre nuestra seguridad, sobre cómo comportarnos, sobre con quien hablar o no estos días… Un consejo, una petición, gestionar una ayuda, buscar una solución, proponer una alternativa… La hermana nunca se acuesta sin saber que ‘todos están en casa’.

Hay una tarea que ella vive con mucho gozo y alegría. Cada miércoles dirige en la iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús, la celebración de la Palabra. Ese día por motivos pastorales no hay Eucaristía y es ella la que dirige la celebración. Con la Palabra en la mano, en la boca y en el corazón preside un momento comunitario de oración y encuentro con Dios. Lo prepara con esmero, lo celebra con gozo, lo comparte con generosidad. Los que asisten, pude un día participar en la misma, lo hacen con la normalidad y la naturalidad que da encontrarse con alguien que está dispuesto a servirte siempre y en ese momento con la Palabra de Dios como ofrenda para la vida. Esta tarea pastoral y celebrativa tiene un anticipo la tarde de los martes con un grupo de personas que bajan desde el cerro o acuden de distintos lugares de José Gálvez a rezar y escuchar la Palabra de Dios. Mujeres, en su mayor parte, que participan de esta catequesis bíblica pegada a la vida que es un chorro de esperanza para volver a lo cotidiano que apremia, que aprieta y exige gran dosis de lucha y compromiso.

He descubierto que para la hermana Carmen Karit solidarios por la paz es muy importante. Sabe qué somos, conoce nuestro ‘poco’ y hace posible ‘el mucho’ que se necesita en José Gálvez, nos ve y vive como parte de la Familia Carmelita, nos quiere como algo propio, desea que sigamos proponiendo y compartiendo con ellos, con los que cada día pasan por su puerta y se sientan a su lado, se siente parte de Karit no solo en Perú sino en cualquier parte del mundo, se desvive en la acogida de los voluntarios al sentirlos como hermanos… Siente que mucho de lo que hace es Karit, que mucho de lo que propone es la propuesta de transformación de la realidad que Karit alienta y se siente parte de este proyecto.

La hermana Carmen ha tenido conmigo, y sé que con todos los voluntarios de este Campo de Trabajo, multitud de detalles. Han sido detalles que nos han hecho sonreír, vivir con sosiego la lejanía de nuestra tierra, que nos han facilitado las cosas… detalles de hospitalidad que nos han  abierto puertas, que hecho mucho más fácil las cosas y que han ayudado a que la experiencia que andábamos buscando y construyendo se hay hecho realidad.

Gracias, Carmen.

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Taller de Cookies

“Primero cocinamos, aprendemos y luego nos lo comemos.”

Y así fué, conocimos los ingredientes, todo aquello que necesitábamos para nuestra primera receta, entre todos, poco a poco, conseguimos hornear nuestra primera tanda de cookies con chips de chocolate.
Y como no, el mejor premio y recompensa es el poder disfrutar de nuestra primera experiencia en la cocina del taller de repostería Giraluna, con los chicos y sus familias.
No hay mejores cocineros que ellos, y  solo acaban de empezar.

Juana y el vaso de leche.

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Empieza su día levantándose a las 3.30 de la mañana para que otros lo comiencen con algo que ofrecer a sus niños. Si nos paramos a pensarlo, todos estaremos de acuerdo en que proteger la nutrición de la población infantil, poder hacerles llegar un vaso de leche caliente y cereales cada mañana, que de otra manera serían inaccesibles para ellos, es una labor fundamental. Pero ella no se limita a pensarlo, ella se levanta, va y prepara un centenar de raciones para que estén listas que decenas de familias pasen a recogerlas a partir de las 6 de la mañana por el comedor parroquial de Sta. Teresita.

Su nombre es Juana y tras compartir un rato con ella descubrimos que, lejos de limitarse a preparar y repartir este desayuno, se dedica a escuchar a quienes se acercan cada mañana al comedor, a tratar de atender y entender sus necesidades, a sonreirles y trasladarle un poco de calor cada mañana.

Juana es otra de las muchas mujeres sobre las que se se sostiene la realidad social de José Gálvez.

El Programa de Vaso de Leche una de las pocas herramientas que el Estado acerca a las poblaciones más desfavorecidas para atender a sus necesidades: https://www.mef.gob.pe/es/transferencias-a-gobierno-nacional-regional-y-locales/base-legal-y-aspectos-metodologicos/programa-vaso-de-leche

Jony

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Quiero seguir presentando a personas que he conocido en el Campo de Trabajo Perú 2017.  Ya estoy en España pero sigo teniendo mi corazón lleno de nombres, aquellos que me han ayudado a vivir unos días en Perú increíbles. Son muchos los que afloran cada día al ver rostros aquí o al rememorar preguntas y momentos.

Hoy quiero acordarme de Jony, no sé si se escribe así, si lo hago incorrectamente que me perdone. Jony conduce un moto-taxi. Este vehículo es fundamental en José Galvez, con él puedes desplazarte rápidamente a cualquier lugar, puedes subir a los cerros, pasar entre los coches, atravesar un mercado… Es cómodo y barato al alcance de las personas sencillas, humildes, sin recursos.

Jony vino cada día a buscarme donde dormía y estaba dispuesto a llevarme donde le pidiera. Un servicio excepcional, de mucha profesionalidad, de generosidad en la respuesta a mi puntualidad. Jony es un hombre muy muy puntual, un minuto antes te está esperando siempre con una sonrisa, con una palabra amable. Jony es una ayuda excepcional para la hermana Carmen, cada día la lleva a la Eucaristía o donde ella precisa. Es de profunda confianza para el grupo, va y viene con nosotros al posta médica o casa de Cata… seguro, fiel, generoso. Gracias Jony.

El moto-taxi de Jony fue hace tiempo un ‘microproyecto’ de Karit.

 

Segundo hogar

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Nuestro segundo hogar… así es como nos hemos sentido hoy en el colegio Nuestro Salvador Carmelitas.

Maestras en colegios de las hermanas carmelitas allá en España, que por un momento han sentido que estaban en casa, en nuestro colegio, con nuestros alumnos, nuestro trabajo, más que trabajo..nuestra forma de vida.
Ha sido un enorme placer conocer y compartir experiencias con maestros y alumnos, que abrieron sus aulas para acogernos durante unas horas, visitando especialmente las aulas de educación inicial y educación especial.
En todas las ellas se trabajan las diferentes áreas del desarrollo, comunicación, lógica, musical, psicomotricidad…sobre todo en educación especial; el cual también se focaliza en el desarrollo de las habilidades básicas de los niños y niñas que allí asisten para mejorar su autonomía.
Gracias por permitirnos movernos libremente por el centro y admirar su trabajo. Por la dedicación y paciencia que muestran con los niños/as. Por buscar el máximo de ellos y saber apreciar su esfuerzo y trabajo, empujándoles siempre a seguir hacia delante. Por sostenerlos, abrazarlos y ayudarlos en todo momento. Por despertarles el deseo de aprender, pues es el mejor regalo que se les puede dar.